El matrimonio no es una situación socioeconómica

El matrimonio no es una situación socioeconómica, no es una decisión que deba nacer del más puro y exclusivo racionamiento material o circunstancial. Se ha olvidado, en una sociedad tan frívola como ésta (controlada por un sistema inalterable), el verdadero significado que expresa un acto como es el hecho de casarse. ¿O es quizá el amor lo que se ha olvidado? Ante su ausencia habitual en los corazones de las personas, puede que se haya automatizado incluso aquello que trata el terreno de los sentimientos.

Me voy a casar el año que viene, y esto ha generado unas críticas que merecen de análisis. Algo que debería ser motivo de suma alegría, es tomado como una salida del "buen camino a seguir". ¿Y por qué? Porque ni él ni yo somos ricos en posesiones o dinero en general. Y, por ello, se nos debe arrebatar tal derecho. Debemos ser sumisos ante los prejuicios y las ansias de los demás de ilustrarnos (más bien, adiestrarnos). 

"Si mi madre se enterase de que me caso sin trabajo, me daría un tortazo", "es que yo quiero seguir con mi carrera, no sólo pienso en casarme", "poco vais a durar así", "¿cómo os vais a casar, si no tenéis nada?", "yo ni siquiera sé si voy a pasar toda mi vida con mi novio"...

Me niego. Me niego a que mi relación sea dictaminada por los demás. Me niego a trazar mi camino según el qué dirán. Para mí, el matrimonio es un "quiero pasar toda mi vida contigo". El matrimonio debe ser fruto principalmente del amor, y éste es el único ingrediente que debería ser determinante para plantearse uno su unión.

Hoy en día, las personas no entienden que sería capaz de vivir bajo un puente o de bajar al mismísimo Averno con tal de estar a su lado, que lo importante es eso: estar juntos. Sin duda, lucharemos por nuestro futuro, pero lo haremos cogidos de la mano, mirando hacia la misma dirección. El matrimonio es eso, la culminación de un maravilloso fenómeno y de un imperioso deseo de enfrentar la vida junto a la persona amada. 

Ah, y casarse tampoco es el final para la mujer. Los sueños no expiran por ello. Más bien, diría que al contrario, pues, aquél que verdaderamente te ama es aquél que te apoya a perseguir tus ilusiones y, de esa forma, todo es más fácil. Y no, no estoy embarazada ni pretendo estarlo. Con esto me refería a que los prejuicios son una constante.

Él es la persona con la que quiero pasar toda mi vida. ¿Tan nimio parece ser el amor como motivo? Sin duda, esto es reflejo de la sociedad en la que coexistimos. Sin embargo, no debe importarme, no debo ceder ante sus críticas o sus órdenes de "ey, espera hasta que tengas trabajo"... porque no quiero que la razón por la que me case sean los demás o una situación socioeconómica. Quiero que sea por amor, y de eso soy más que rica.

Marta Lallana

Nacida en San Sebastián, 1993. Autora de El Heredero de la Soledad, Saga Sariam y Vendo Vida, y fotógrafa profesional. Amante del anime, los juegos, el cine y de los animales.

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