Mi primera experiencia como jurado 2

A lo largo de esta semana, he visionado la pobreza, el machismo, el autoritarismo, el abandono, la codicia del ser humano y las atrocidades que se cometen en nombre de la tradición (entre otros) en una silla incomodísima. Han sido pocos los largometrajes que me han llegado y menos fueron los cortometrajes que me sorprendieron. Sin embargo, he de admitir que, más allá de la calidad cinematográfica, el objetivo que quiero creer que el Festival se propuso (concienciar), se ha cumplido. 

Las diversas realidades que son ignoradas cada día por la mayoría, se han trasladado hasta nuestra ciudad para gritar lo que es silenciado a través de unas imágenes que ningún detalle se han dejado en el tintero. Unas imágenes que al fin sonríen al hallarse libres de censura, libres de ataduras, libres de exhibir la tierna esperanza que sus protagonistas no abandonan pese a las terribles circunstancias.

Carta de Amnistía Internacional que firmé en pro
de liberar a un anciano japonés inocente.

Obviamente, mis expectativas no se han satisfecho por completo. Hubo algunos sinsentidos, como que estuviese obligada, antes del largometraje, a escuchar a una presentadora que te contaba prácticamente lo que iba a suceder, incluso momentos concretos que se suponían que nos tenían que haber sorprendido. Sí, tuvimos que aguantar que nos hicieran spoiler y encima en euskera todo el tiempo, cuando el Festival era bilingüe. 

Además, los coloquios, en general, fueron de una calidad discutible. En concreto, ayer, aunque divertido, se convirtió en una discusión (en un debate no se falta al respeto) acerca del comunismo y el capitalismo. 

Por no mencionar que, mientras acontecía algo como el Festival de Cine de Derechos Humanos, tuve que enterarme de que, unos metros más allá, un buen grupo de gente impidió que detuvieran a un etarra, cosa que me hierve mucho la sangre. 


Lo siento mucho, pero si quieren que los presos vuelvan a la calle, que devuelvan a quienes le arrebataron la vida. Creo que con esto último me juego el cuello, pero ésta es mi opinión y éste es mi blog. Estoy harta del País Vasco, y lo que podría decir de él no tiene límite... Y desde este punto, como otro sinsentido del Festival, añadiré que ciertamente no hace falta irse hasta Serbia para documentar la crueldad. En este país tenemos "tomate" para rato, bien sea ETA, bien sea el bullying, bien sea el maltrato de género, bien sea la corrupción o bien sea la tauromaquia. Sí, la TAUROMAQUIA.


La lasciva crueldad nos asola en cada esquina como una sombra impredecible. No obstante, aparte de la experiencia como jurado, me llevaré conmigo la valentía de aquellos que contra la injusticia lucharon y hoy perseveran. 

En conclusión, el Festival de Cine de Derechos Humanos ha demostrado que, lamentablemente, la voz de los Derechos Humanos aún se encuentra encerrada en unos papeles que pocos escuchan. Y que, pese a algunas taras, no ha estado nada mal. De hecho, repetiría la experiencia y, si es de nuevo como jurado, mejor. Aunque aún faltan dos días, así que ya se verá cómo finaliza verdaderamente. Hasta el último instante, me encontraré expectante. 


Marta Lallana

Nacida en San Sebastián, 1993. Autora de El Heredero de la Soledad, Saga Sariam y Vendo Vida, y fotógrafa profesional. Amante del anime, los juegos, el cine y de los animales.

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